Corre pequeño humano, escondete, deja que mi risa hiriente te arranque lloroso de cualquier lugar donde busques refugio. Adelante, trama y discurre mil planes para salvar tu vida, que es mi delicia destrozarlos y aplastar tus débiles y estúpidas esperanzas.
Ruégame o maldíceme, me da igual, de cualquier forma me regodearé en tu dolor, saborearé cada gramo del contenido en tus lágrimas. ¿Oyes como mi alegría salvaje hace eco hasta la eternidad? yo existía, existo y existiré.
Porque soy tu dolor, tu tristeza, tu muerte. Soy la justicia, tu juez, el criminal, tu verdugo, soy lo que se me antoja ser y me importa nada como me desees ver. Cegaré la luz de tus ojos en un arrebato de éxtasis entre mis labios hambrientos. Escucha mis pasos acercarse, siente mi fría mano tomarte y en mi abrazo mortal ahogarte. ¡AH! ¡que delicia!, ¡la vida de tu sangre roja recorriendo mis venas muertas!.
Tus gemidos cesan y el miedo en tu cuerpo da paso a un lánguido adiós. Gracias pequeño humano, por el alimento y el placer de la cacería.
Fue un gusto conocerte.