Es cosa rara una despedida. Un apreton de manos, un abrazo, un beso, o tan solo un gesto al aire. No se necesita de mucho, no es complicado, a veces implica promesas, a veces la complican unas lagrimas, o unas torpes palabras formuladas entre un balbuceo y un nudo en la garganta.
La despedida puede ser breve o puede ser eterna, y lo curioso es esa sensacion en la boca, esa tension en el cuerpo, como de quererse apropiar del momento…o de la persona que se va. Es como si de pronto te encontraras solo. Puede ser solo un instante o un largo proceso el que desaparezca ese sentimiento.
Ese momento, el siguiente a la partida, puede ser calido y reconfortante, o puede ser helado y duro de soportar. La vida dira como sera la despedida y todas y cada una son diferentes. Pero invariablemente todas dejan una sensacion unica.
La de un camino por delante. Tenemos pies, hay que echar a andar.
La despedida puede ser breve o puede ser eterna, y lo curioso es esa sensacion en la boca, esa tension en el cuerpo, como de quererse apropiar del momento…o de la persona que se va. Es como si de pronto te encontraras solo. Puede ser solo un instante o un largo proceso el que desaparezca ese sentimiento.
Ese momento, el siguiente a la partida, puede ser calido y reconfortante, o puede ser helado y duro de soportar. La vida dira como sera la despedida y todas y cada una son diferentes. Pero invariablemente todas dejan una sensacion unica.
La de un camino por delante. Tenemos pies, hay que echar a andar.
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