Es la hora de los sueños.
Me abrazo del olvido preludio al viaje por el reino de morfeo. La calidez me envuelve y en algun rincón de mi mente elevo una plegaria para no hallar por equivocación el pantano salvaje de las pesadillas.
Y me hallo perdido, el sentimiento de extravío me envuelve y como a un niño el llanto acude a mi garganta. No puedo hablar ni gritar ni preguntar porqué de pronto estoy solo.
Tan solo.
Y entonces una carcajada crece y mi piel suda lo que mi razón conoce.
No estoy dormido.
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