Era la sal en tus labios una tortura lacerante en las heridas sangrantes que tus mordidas dejaron en la memoria de nuestras eras muertas. A gritos procurabas acallar mis deseos y solo concebías la vida bebiendo mi pasión para despues arrojarte de los rascacielos que abundan en la ciudad de la locura construida en cimientos de esperanzas olvidadas.
Abrías mis entrañas para que devoraran hasta mis pensamientos funestos los mensajeros de una divina cólera, y te reías y carcajeabas y respondias a mis palabras con sinsentidos o con las dagas asesinas de ideas que tus silencios arrojaban sobre mi cabeza rota, despedazada.
Con tu lengua de plata recorrías mi cuerpo que ansiaba hasta el contacto del viento, reconfortabas con mentiras estúpidas las ilusiones concebidas enmedio de dolores y delirios de mi mente rota, fragmentada entre el deseo, el amor, el odio, la culpa y el remordimiento. Y en un instante, con tu aliento fétido, secabas al calor de tu odio las cortas vidas de las esperanzas que aun quedaban vivas.
Hasta que llegó el día en que su mano poderosa cayó sobre mis cadenas construidas con mis pecados, destrozandolos en medio de sus lágrimas venenosas. Entonces, hereje me levanté y aullé nuevamente el desafío a los cielos y con su ayuda, cacé sin piedad a mis verdugos y con un grito nacido de la venganza mas profunda, te destruí.
Fui libre de nuevo, me reí de Zeus y los dioses, mi soledad yació a mis pies.
Porque yo soy Prometeo el titán y no permitiré a los dioses volverme a encadenar.
Abrías mis entrañas para que devoraran hasta mis pensamientos funestos los mensajeros de una divina cólera, y te reías y carcajeabas y respondias a mis palabras con sinsentidos o con las dagas asesinas de ideas que tus silencios arrojaban sobre mi cabeza rota, despedazada.
Con tu lengua de plata recorrías mi cuerpo que ansiaba hasta el contacto del viento, reconfortabas con mentiras estúpidas las ilusiones concebidas enmedio de dolores y delirios de mi mente rota, fragmentada entre el deseo, el amor, el odio, la culpa y el remordimiento. Y en un instante, con tu aliento fétido, secabas al calor de tu odio las cortas vidas de las esperanzas que aun quedaban vivas.
Hasta que llegó el día en que su mano poderosa cayó sobre mis cadenas construidas con mis pecados, destrozandolos en medio de sus lágrimas venenosas. Entonces, hereje me levanté y aullé nuevamente el desafío a los cielos y con su ayuda, cacé sin piedad a mis verdugos y con un grito nacido de la venganza mas profunda, te destruí.
Fui libre de nuevo, me reí de Zeus y los dioses, mi soledad yació a mis pies.
Porque yo soy Prometeo el titán y no permitiré a los dioses volverme a encadenar.
No comments:
Post a Comment