Agobiado el angel rueda por los cielos debatiendose con la oscuridad emanada por sus dudas de entrañas expuestas. Y con los puños cargados de palabras punzantes golpea los muros de indiferencia que ha construido alrededor de la muerte fría que parece haberle dado a su memoria quien pudiera responder la inquietante angustia que aspira entre las convulsiones de su fe.
Los angeles caídos esperan rapaces su descenso y lo alientan con grandes voces a caer por el borde que separa a la luz de las tinieblas. Sus narices se dilatan y sus bocas blasfemas ansían devorar la inocencia de la que estan cargadas las alas celestiales. Pues los nuevos angeles son carne tierna y presa fácil de sus voces venenosas. Y gritan dejando que vuelen veloces saetas envenenadas que se clavan en lo alto y muerden la piel celestial. Gotas de sangre caen de los cielos, el angel tambalea, su espalda flaquea ante el peso de las culpas purulentas de un humano que ni siquiera cree en la redención.
Los demonios le tientan, ofrecen cobijo, respuestas y placer. Y el angel piensa en los sueños carmesíes que escurren de sus heridas y alcanza a mirar como aquellos la beben cual vampiros sedientos. Y piensa en aquel que no responde y su cuerpo se llena de ira, furia y orgullo, ¡aulla un desafio a los cielos y a los infiernos!.
Su cuerpo brilla y con salvaje alegría ve su cuerpo comenzar a desaparecer, convirtiendose en jirones de humo e ilusión. Y ríe con gran fuerza pues prefiere ser dispersado junto a sus palabras antes que perder su recién descubierta identidad.
Angeles y demonios lo miran silenciosos desaparecer y se marchan murmurando, maldiciendo unos, recordando otros, ambos, quizá, envidiando, anhelando, convertirse también en libertad.
No comments:
Post a Comment